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La Alquimia del Espíritu


Por: Giovanni Guzmán Bolaños

Aclaración: El presente artículo es un resumen y reflexión basado en los conceptos del libro: Releyendo el Génesis sin mitos ni leyendas. ORACIÓN Y ESTUDIO.

En la travesía de la fe, solemos dividir nuestra vida espiritual en gavetas diferentes: por un lado, el fervor de la oración y, por otro, el rigor del estudio. Sin embargo, cuando estas dos disciplinas no caminan de la mano, nuestra experiencia cristiana corre el riesgo de volverse estéril o, peor aún, de extraviarse en el misticismo sin fundamento o el intelectualismo seco.


Como bien señalaba Richard Foster, las disciplinas espirituales no están reservadas para una élite de "iluminados" o monjes contemplativos; son herramientas diseñadas para el ser humano ordinario. Pero, ¿qué sucede cuando sentimos que esa herramienta no "funciona"? ¿Por qué Santiago nos advierte con tanta dureza: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal” (Stg. 4.3)?


El Peligro de una Fe sin Lentes

San Pablo nos recuerda que la fe viene por el oír la Palabra de Dios (Rom 10.17). Esto nos obliga a entender el estudio apasionado como un acto espiritual en sí mismo. Sin el conocimiento profundo de las Escrituras, la fe se degrada en mera credulidad.

Ser un creyente "sagaz" implica imitar a los de Berea: recibir la palabra con solicitud, pero escudriñando diariamente para verificar la verdad (Hch 17.11). El estudio es la salvaguarda contra los "lobos con piel de oveja". Si no conocemos el terreno que pisamos a través del estudio honesto, nuestra oración carecerá de la dirección necesaria. La fe alcanza incluso lo irracional, sí, pero no nace de la ignorancia, sino de una revelación que se sostiene en la Verdad.


¿Por qué la respuesta no llega? El error de "pedir mal"

A menudo caemos en la angustia de la falta de señales. Buscamos intermediarios —el pastor de moda, la radio, la campaña de oración pagada— bajo la premisa de que a ellos "Dios sí los escucha". Esta actitud revela una falla sistémica en nuestra forma de orar.

Santiago es tajante: pedimos mal porque lo hacemos para nuestros deleites o desde una posición incorrecta. Pedir mal es orar afirmando constantemente la necesidad.

Cuando centramos nuestra oración en la súplica repetitiva de lo que nos falta ("Señor, no tengo trabajo", "Señor, me falta salud"), lo que estamos haciendo, a nivel espiritual y mental, es reafirmar la carencia. Estamos fijando nuestra realidad en lo que no está.


La Fórmula de Jesús: Gratitud por Anticipado

Jesús nos entregó una "fórmula" distinta en Marcos 11.24: Pedir, creer y recibir.

“Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas” (LBLA).

Aquí radica la clave del cambio de paradigma: la oración correcta no es una súplica de mendicante, sino un acto de gratitud. Si creemos que ya lo hemos recibido en el espíritu, la oración deja de ser un recordatorio de la escasez para convertirse en una afirmación de la provisión divina.

Como dice el profeta Isaías: “Antes de que ellos clamen, responderé yo” (Is 65.24). Dios ya conoce la necesidad, pero Él responde a lo que nosotros sabemos en nuestro interior. Si pedimos con la boca pero nuestro interior vibra en la duda, somos como la onda del mar movida por el viento (Sant 1.6). No se puede engañar a Dios; si en nuestra realidad interna predomina la falta de fe, esa es la realidad que se materializará.


Conclusión: Disciplina, Amor y Consciencia

La espiritualidad no crece por el temor al castigo, sino por el amor a la bondad de Dios. El estudio nos da el mapa (la Verdad) y la oración nos da el aliento (la Vida).

Para forjar las armas necesarias en nuestro crecimiento, debemos dedicar disciplina al estudio para no ser engañados, y disciplina a la oración para aprender a dar gracias por lo que aún no vemos con los ojos físicos, pero que ya es una realidad en el Espíritu. Al final, nuestra conexión con el Padre se manifiesta en un vínculo real de consciencia, mediado por la obra de Cristo y guiado por el Espíritu Santo.


¿Estás orando desde la carencia o desde la gratitud? El cambio en tu realidad comienza cuando dejas de pedir lo que te falta y empiezas a agradecer lo que Dios ya ha puesto a tu disposición. Demos gracias Dios por todo lo que nos has

dado, que aún no hemos recibido¡


 
 
 

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