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Un adelanto de: Los Silencios de Caín


La idea de este libro nació mirando las noticias. Nació observando los homicidios diarios en los noticieros, viendo documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y otras tragedias de la historia, y contemplando guerras que parecen repetirse generación tras generación.


Cada vez que veía una noticia de este tipo, la pregunta regresaba inevitablemente: ¿por qué el ser humano insiste en matar a sus semejantes?

Guerras, asesinatos, venganzas, genocidios y violencia parecen acompañar constantemente nuestra historia. Fue precisamente esa inquietud la que me llevó a comenzar a escribir este libro que he titulado Los silencios de Caín, una obra de ficción teológica reflexiva en la que utilizo personajes y acontecimientos del Génesis para investigar una pregunta que me ha acompañado:


¿Por qué el hombre sigue matando al hombre?


Así comenzó una lectura personal del Génesis y, específicamente, de su capítulo 4, donde aparece Caín, al que conocemos como el primer asesino de la Biblia.

Siempre hemos escuchado esta historia de una manera muy sencilla. Adán desobedece. Caín mata a Abel. Ellos son los malos de la historia. Y generalmente ahí termina nuestra reflexión.

Sin embargo, cuando comencé a profundizar en el texto bíblico, descubrí que la historia es mucho más compleja.

La Biblia presenta a Caín como el primer homicida. Pero también lo presenta como un hombre confrontado por Dios. Es un hombre que debe vivir con las consecuencias de sus actos. Es expulsado, pero Dios le coloca una señal de protección. Así lo relata el propio texto bíblico. También parece cargar con una culpa que lo acompaña durante toda su vida.

Conforme avanzaba en mi lectura, empecé a inquietarme más por el tema de si el origen de la violencia humana se encontraba únicamente en Caín.

Y fue entonces cuando apareció otro personaje.

Su nombre es Lamec.

Muchas veces pasa desapercibido en la lectura del Génesis, pero su breve aparición y sus palabras llamaron poderosamente mi atención. Mientras Caín parece vivir bajo el peso de lo que hizo, y esto se deja ver en su famosa declaración: «Grande es mi castigo para ser soportado», expresión que incluso algunos estudiosos entienden como «mi culpa es demasiado grande para soportarla», Lamec habla de la violencia con orgullo.


Lamec no pide perdón por herir sino que más bien se jacta


Lo que en Caín aparece como una tragedia, en Lamec parece convertirse en motivo de orgullo.

Esa observación cambió por completo el rumbo de mi investigación y de mi lectura.

Entonces empecé a preguntarme si el problema no era solamente matar, sino la facilidad con que terminamos justificando la violencia. La facilidad con que llegamos a celebrarla y convertirla en una expresión de poder, tal como parece hacerlo Lamec.

En otras palabras, quizás el verdadero peligro no comienza cuando aparece Caín, el primer asesino. Quizás comienza cuando la violencia deja de producir culpa y empieza a producir orgullo.

No se trata únicamente de una novela inspirada en personajes bíblicos. Es una búsqueda personal desde la teología para intentar comprender una conducta que sigue acompañándonos miles de años después.

¿Por qué seguimos matándonos?

¿Por qué la violencia parece repetirse una y otra vez en la historia humana?

Estas son algunas de las preguntas que me están llevando a escribir esta obra.

La investigación comenzó con Caín, pero poco a poco me condujo a este Lamec.

Porque tal vez el problema más profundo no se encuentra únicamente en el primer hombre que mató a su hermano, sino en el primer hombre que convirtió la violencia en motivo de orgullo.

Ese es el viaje que propone Los silencios de Caín.

Y éste viaje apenas comienza y les avisaré cuando lo haya concluido.




 
 
 

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