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La Grulla, el Cangrejo y los Peces. Una lección de Integridad y Sabiduría.


En una antigua fábula del Panchatantra se narra la historia de una grulla astuta que, al envejecer y perder su habilidad para cazar, recurrió al engaño para sobrevivir. Le dijo a los peces del estanque que unos hombres planeaban secarlo para sembrar arroz, y que ella, movida por compasión, podía trasladarlos a otro lugar seguro. Los peces, confiados, aceptaron la propuesta y fueron llevados por la grulla uno a uno hasta un sitio apartado… donde los devoró sin piedad.


Un día, un cangrejo también le pidió que lo transportara. La grulla aceptó, creyendo que sería una presa más fácil. Sin embargo, al llegar al lugar, el cangrejo vio los huesos de los peces y comprendió el engaño. Con fría astucia, utilizó sus pinzas y dio muerte a la mentirosa grulla.


En la vida, también nosotros podemos encontrarnos con grullas disfrazadas de bondad, seres que aparentan tener buenas intenciones pero solo buscan sacar provecho. Se presentan como salvadores, consejeros, guías espirituales o incluso como pastores de rebaños; sin embargo, tras sus palabras se oculta la manipulación y el deseo de dominio.


Esta antigua fábula encierra una enseñanza profundamente actual: la necesidad del discernimiento. No debemos entregar nuestra confianza a cualquiera que hable con dulzura o aparente autoridad espiritual.


Los peces representan la ingenuidad de quienes carecen de pensamiento crítico, aquellos que creen sin examinar y terminan siendo presas fáciles del engaño. El cangrejo, en cambio, simboliza la sabiduría que observa, analiza y actúa. Es la conciencia despierta que no se deja arrastrar por las apariencias, que se pregunta, que duda y que camina con prudencia. Es la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, lo que edifica de lo que destruye, lo que viene de Dios de lo que solo pretende suplantarlo, aunque se presente envuelto en palabras piadosas.


En un mundo saturado de promesas de salvación, de fórmulas rápidas de prosperidad y de falsas apariencias, necesitamos caminar con la sabiduría como brújula, para no caer en la red de las grullas engañosas. Como nos recuerda Mateo 10,16:

“Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas.”

No se trata de vivir desconfiando, sino de cultivar un corazón que ve con claridad. En el estanque de la vida, no todos los que se acercan con palabras amables buscan nuestro bien, pero sí podemos aprender a reconocerlos antes de que sea tarde. Y sobre todo, mantener la mirada puesta en Cristo, la única fuente de verdad que ilumina incluso los engaños más sutiles y no en las grullas- hombres o mujeres mortales.


 
 
 

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