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¿Prostituto sagrado, qadesh o sodomita?

Durante siglos, la lectura de ciertos pasajes bíblicos ha servido para condenar la diversidad sexual. En el imaginario colectivo, la palabra "sodomita" evoca inmediatamente la imagen de la homosexualidad masculina. Sin embargo, cuando nos sumergimos en las aguas de la filología hebrea y el contexto histórico del Antiguo Testamento, descubrimos que lo que muchos consideran una condena moral a la orientación sexual es, en realidad, un conflicto religioso sobre la idolatría y la prostitución sagrada.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué dice realmente el texto original antes de pasar por el filtro de los prejuicios modernos?


1. La trampa de la Reina-Valera

Uno de los pilares de la condena tradicional se encuentra en Deuteronomio 23,17. La versión Reina-Valera de 1960 —una de las más utilizadas en el mundo hispanohablante— traduce el versículo de la siguiente manera:

"No haya ramera entre las hijas de Israel, ni haya sodomita entre los hijos de Israel".

A simple vista, el texto parece establecer una prohibición binaria: prostitución para las mujeres y homosexualidad para los hombres. Esta interpretación ha sido reforzada por diccionarios como el Océano Uno Color o el Pequeño Larousse, que definen la sodomía como "perversión sexual" o "coito anal". No es de extrañar que testimonios contemporáneos sigan afirmando con rotundidad: "Un sodomita es un homosexual". Pero aquí es donde la precisión académica debe intervenir para corregir el error.


2. Qadesh: Lo sagrado frente a lo profano

La palabra hebrea que la Reina-Valera traduce como "sodomita" es qadesh (masculino) y su equivalente femenino es qadeshah. Etimológicamente, estas palabras no tienen nada que ver con la orientación sexual, sino con la raíz q-d-sh, que significa "separado", "consagrado" o "santo".

En el contexto del Antiguo Oriente Próximo, un qadesh no era una persona con una orientación sexual específica, sino un prostituto sagrado vinculado a los cultos de fertilidad de los pueblos vecinos de Israel, como los cananeos o los moabitas.

Al comparar la Reina-Valera con traducciones modernas más precisas, el panorama cambia drásticamente:

Versión Bíblica

Traducción de Deuteronomio 23,17

Reina-Valera 1960

"...ni haya sodomita entre los hijos de Israel."

Dios Habla Hoy

"Ningún hombre... deberá consagrarse a la prostitución practicada en cultos paganos."

Nueva Traducción Viviente

"Ningún israelita... se dedicará a la prostitución ritual del templo."

La diferencia no es solo semántica, es teológica. Lo que se prohíbe no es un acto de amor o deseo entre dos hombres, sino la participación en ritos de fertilidad extranjeros que Israel consideraba una traición a su Dios.


3. Idolatría y Fornicación: Dos caras de la misma moneda

Para entender por qué los profetas y legisladores de Israel eran tan severos con los qadeshim, debemos mirar el mapa geopolítico de la época. Israel estaba transitando de una vida nómada a una sedentaria, rodeado de culturas que adoraban a dioses como Baal o Astarté.

En estas religiones, el sexo ritual era una forma de "magia" para asegurar que la tierra diera frutos y los animales se multiplicaran. Para los autores bíblicos, esto era una aberración. En la Biblia, los términos "idolatría" y "fornicación" se utilizan frecuentemente como sinónimos. Cuando el pueblo "fornicaba", no se referían necesariamente a una conducta sexual desordenada en lo privado, sino a la infidelidad espiritual de abandonar a Yahvé por los ídolos.

El episodio de Números 25,1-2 es esclarecedor: el pueblo empezó a "fornicar" con las hijas de Moab, pero el texto aclara inmediatamente que estas "invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses". El problema era el altar, no solo el lecho.


4. El estigma de Sodoma: Un nombre mal puesto

La asociación de la palabra qadesh con "sodomita" es una extrapolación posterior que ha contaminado la lectura de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Se ha asumido que el pecado de aquellas ciudades era la homosexualidad, cuando la revisión crítica de los textos apunta a la falta de hospitalidad, la soberbia y la injusticia social.

Llamar "sodomita" al prostituto ritual fue un intento de las traducciones medievales y renacentistas de armonizar sus prejuicios sociales con el texto sagrado. Al hacerlo, crearon un fantasma lingüístico que ha perseguido a millones de personas durante siglos.


Conclusión: Hacia una lectura liberadora

Es imperativo que los textos de Deuteronomio 23,17 y las crónicas de los Reyes de Israel (donde se menciona la expulsión de estos personajes) sean excluidos de cualquier debate serio sobre la homosexualidad contemporánea.

La evidencia es contundente:

  • Históricamente: Se refiere a prostitución ritual pagana.

  • Lingüísticamente: Qadesh significa "consagrado al culto", no "homosexual".

  • Teológicamente: La condena es hacia la idolatría, no hacia la orientación sexual.

Seguir utilizando el término "sodomita" para referirse a la población homosexual no solo es un error histórico y teológico, sino una injusticia que ignora el verdadero mensaje de las Escrituras: la búsqueda de la fidelidad a Dios por encima de los ritos vacíos y la opresión de los ídolos.

 
 
 

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