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¿Por qué Dios permite el sufrimiento? Parte 4

Saludos a todos y muchas bendiciones¡ En las últimas 3 entradas, hemos concentrado nuestro interés en comprender el porqué del sufrimiento y cómo podemos canalizarlo argumentando que Dios lo permite. Las preguntas que comúnmente nos hacemos son por ejemplo: ¿Por qué Dios permite que sucedan cosas tan malas?; ¿Dónde estaba Dios cuando lo necesite? incluso con aparente razón  podemos decir que Dios está ausente o bien reclamamos el silencio de Dios. Hoy en nuestro cuarto y final enfoque, hablaremos acerca de aquello que escapa a nuestra comprensión y hemos llamado: El misterio de Dios. 


Este es uno de los temas más complejos y profundos que podemos abordar tanto en nuestra reflexión personal como en la teología misma.  Los teólogos y filósofos han intentado  captar la esencia de el cómo y el porqué  de la intervención de Dios en la historia del ser humano, pero siempre encuentra un límite y se topan con la incapacidad de comprender la plenitud de Dios.


Cuando hablamos  del "Misterio de Dios" nos referimos a la realidad de su ser y de su actuar que supera nuestro entendimiento  y nos trasciende. Sin embargo esa trascendencia, ese no estar ligado a lo material y finito, no lo hace ajeno o indiferente a su creación en donde estamos nosotros los seres finitos. El problema del sufrimiento -es por decirlo así,-  donde ese misterio de Dios se vuelve más tangible.


¿Por qué un Dios bueno permite el sufrimiento y la injusticia? La Biblia no ofrece respuestas concretas pero si historias o relatos que nos ayudan a reflexionar y entender de alguna modesta manera el sufrimiento y la injusticia que suceden. Ya hemos hablado en nuestro primer enfoque  acerca del sufrimiento que acontece como efecto de nuestras propias decisiones y de la responsabilidad dada en el texto sagrado  sobre nuestro prójimo.


El segundo enfoque nos habló del sufrimiento como oportunidad para el crecimiento y el tercer enfoque nos dio a conocer el sufrimiento como una oportunidad para ser agentes del amor de Dios interviniendo de manera pronta ante las situaciones de dolor que otros puedan estar experimentando. 


Este cuarto enfoque nos habla del desconcierto que produce el ser testigos  del silencio de Dios ante una situación de injusticia. La Biblia en sus relatos y nosotros en nuestra propia experiencia de vida podemos atestiguar lo transitorio del mal y del sufrimiento. Lo que llámanos mal lo podemos vencer con el bien y este es transitorio. El dicho popular nos dice: "No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo soporte".


El silencio de Dios nos lleva al misterio de Dios y este quizás es uno de los aspectos mas desconcertantes. Los 3 enfoques anteriores los hemos entendido y hemos cobrado quizás esperanza para ver la benevolencia de la vida y no solo su fealdad, pero el misterio de Dios y su silencio nos desconcierta.  San Juan de la Cruz nos dice que el silencio o incluso la ausencia de Dios  es una forma misteriosa de presencia que purifica y transforma al creyente como cuando el hierro es forjado en el fuego ardiente.


Dios en su ausencia actúa de una forma en que el alma no puede captar o entender. San Agustín de Hipona decía que el mal no es una sustancia creada por Dios, sino la privación del bien. Aún maravillosas son las palabras de Benedicto XVI  cuando dijo que el sufrimiento en Cristo -porque no solo usted y yo hemos sufrido- nos invita  a confiar en que ese sufrimiento  tiene un sentido oculto dentro del plan de Dios.

Sin embargo este misterio no debe ser algo que veamos con frustración sino como una oportunidad para la contemplación y la toma de conciencia del ser . Pablo dice en 1 Corintios 13:12: " Ahora vemos como en un espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara".. Esto no puede más que significar que vendrá un tiempo en que entenderemos en nuestro espíritu, lo que nuestra razón no puede comprender. 

Dios  actúa de formas que nosotros  no podemos prever ni entender, pero que al final revelan su amor y sabiduría por su creación. Por eso nuestra actitud frente al misterio de Dios debe ser humilde y con asombro, porque si perdemos nuestra  capacidad de asombro, todas sus dádivas diarias nos serán casuales y naturales y las daremos por sentadas y solo cuestionaremos su ausencia  y el porqué Dios no se manifiesta cuando sufrimos, pero no cuando nos bendice tal como en este momento en que a pesar de nuestros posibles sufrimientos tenemos el don de la fuerza y  capacidad mental para vence el mal y el sufrimiento y crecer en el espíritu. 

Amén. 

 
 
 

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